Editorial

Obama y África

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Acabado el primer mandato presidencial, el balance de Barack Obama en política africana no puede ser más descorazonador para los intereses del continente en que nació su padre. Como recordaba Todd Moss en un texto publicado en la influyente revista Foreign Affairs, la gestión de Obama ha estado marcada por la “omisión de África”. No es necesario recordar que en los cuatro años de presidencia, Obama tan sólo ha pisado tierras africanas en una ocasión, por unas horas en Ghana, para darse cuenta del desdén del presidente hacia África. Frente al ímpetu de los dirigentes chinos, que pregonan en todos los rincones africanos su modelo de “cooperación pragmática”, Obama mantiene la misma política de George Bush, centrada en tres ejes: comercio, seguridad energética y combate a los islamistas. En los dos primeros ejes, Estados Unidos debe de competir con una China desprovista de retórica moralizante que ofrece productos bien adaptados al mercado africano y cuenta con unas empresas estatales, sobre todo del petróleo, en plena expansión. En cuanto a la lucha contra los grupos islamistas, Obama cede la iniciativa a sus aliados, como en Mali y Somalia, quizás por el temor de verse atrapado en un conflicto que sería difícil de justificar a sus ciudadanos.